martes, 28 de abril de 2026

De Brochetas y Reflexiones Nocturnas

"Alguien a quien amé alguna vez me dio una caja llena de obscuridad. Me tomó años entender que ésto, también, fue un regalo"
 ~ Mary Oliver (1935 - 2019)

Murakami alguna vez escribió que cada hora de la madrugada tenía su propio sabor. Ese hombre no tiene idea de lo correcto que estaba.

Verán, gracias a un horario de sueño hecho pedazos por trabajo, gatos que deciden que las tres de la mañana es la hora ideal para cruzar la cama de un extremo al otro a la 95 kilómetros por hora y un meticuloso abuso de substancias*, estoy despierto a las 2 AM escribiendo en mi computadora.

*Por supuesto que no abuso de las substancias, las quiero muchísimo y las trato con el amor que se merecen.

Pero no crean que sólo estoy sentado escribiendo en mi computadora, acabo de regar el pequeño jardín que tenemos, barrido y sacudido la cocina y hay una carga en la lavadora que estoy esperando que salga para colgarla en la cochera. Digo, hay que ser productivos ¿no? Lo peor que podría hacer es desperdiciar este tiempo trabajando.

Cuando era chico le tenía pánico a la obscuridad. Absoluto y abyecto horror. Es más, confieso que dormía hecho capullo con una cobija verde relativamente fina que permitía entrar el aire generado por un ventilador de clip agarrado de mi mesita de noche, no vaya a ser que los monstruos nocturnos me comieran. Supongo que en mi mente de niño los monstruos no tienen permanencia de objetos y lo que no ven deja de existir. En fin, era joven y estúpido.

Ahora - como he dicho toda mi vida adulta - sólo soy viejo y estúpido. Asumo que es la vejez lo que te hace perder el miedo a la falta de luz**, como si tu mismo ser te esté preparando mentalmente para el inevitable momento en el que sólo habrá obscuridad, recibiéndola como si fuera una vieja amiga.

**Digo DEBE ser la edad, porque la estupidez ahí sigue la jija de la tiznada.

Ahora sólo le tengo miedo a las cosas corpóreas, si les soy honesto. Habiendo exterminado dos alacranes, innumerables cucarachas, uno que otro grillo y una víbora que saqué de la casa*** la razón por la que prendo las luces es para evitar cualquier animal no invitado o algún mueble predatorio que aceche el dedito de mi pie izquierdo.

***No me atreví a matarla. Digo ¿quién no se ha encontrado en esa circunstancia?: en el lugar equivocado, en el tiempo equivocado, encuerado y sacando la lengua. Hay que tener algo de empatía, caray.

Pero, si les soy honesto, prefiero la madrugada y la obscuridad que otorga: Se siente un ambiente de paz, de tranquilidad, de comunión con la noche, de espiritualidad, de una unión primal con ALGO que es parte de nosotros y constantemente se nos dice que hay que rechazar, no lo sé, son sentimientos que por desgracia me faltan palabras para describir. 

¿Qué opinan ustedes mis estimados? ¿Qué tan cómodos se sienten en la obscuridad, sentados en su sala a las 3 de la mañana, contemplando una tenue luz en el pasillo? Siento en mis viejos huesos que los humanos no fuimos construidos para vivir un horario de 9 AM a 5 PM, sino que estamos diseñados para tener lapsos de sueño que nos permitan existir a diversas horas del día, independientemente de si el astro rey está visible o no. Entre más envejezco y mis horas de sueño se vuelven más "erráticas" para lo que es socialmente establecido, siento que quizás ese concepto que la noche es para dormir y el día para estar activo es algo que nos vendió el mundo corporativo.

En fin, ya salió la carga de la lavadora y la luna está hermosa hoy. Espero que tengan una excelente semana y les deseo paz y prosperidad para ustedes y sus seres queridos.

Atte.
El Kushiage
~ Al parecer los gatos te despiertan en la noche para saber si estás bien porque ellos son principalmente seres nocturnos. Gracias, puñetas, que al cabo no tenía que levantarme a las 6 AM para una junta.

martes, 11 de agosto de 2020

No Sábes Quien Soy: Una Réplica

"Todos tenemos que comer, y sería una triste oportunidad perdida si comemos mal"
~ Anna Thomas (1948 - )

Ayer me compartieron la columna de opinión del reconocido chef Enrique Olvera titulada "No sabes quién soy" sobre la eterna lucha entre la creatividad del chef contra los gustos del cliente. Necesitaba un tiempo para procesarlo porque discute un tema que es muy cercano a mi corazón: la tragadera. Veamos.

Primero lo primero: ¿quién es Enrique Olvera? Es un chef mexicano (1976 - ) dueño de el "Pujol", un restaurante de "alta cocina" o "cocina de autor"* ubicado en la CDMX que está - hasta el 2019 por lo menos - entre los mejores 50 restaurantes a nivel pinche mundial y es reconocido por incontables publicaciones de Tragones internacionales. Sí, Tragones con T mayúscula. Éstos son los Tragones que - citando a Anton Ego de Ratatouille - "si no me gusta, no lo trago". Estos son Tragones que saben de lo que hablan cuando tragan.

*Léase: todo es inventado por él.

Si quieren saber un poco más sobre el chef Olvera y tienen Netflix, pueden ver el capítulo 4 en la segunda temporada de "Chef's Table", ahí habla de su historia, de su proceso creativo, de como casi se queda en la quiebra como todo chef que se de a respetar, y opino que vale la pena para entender su circunstancia y el punto de partida para su publicación.

En fin, volviendo a su columna. En ella el maestro chef hace eco de la opinión de todos los artistas en todas las facetas de la cultura humana: el cliente no siempre tiene la razón. Por supuesto, levantó una tormenta de mierda digna de una idiotez del gobierno de la 4T ¿por qué? Pues porque, como dicen los cómicos, "no supo calar el cuarto" al discutir un argumento inherentemente discriminatorio en un tiempo cuando las redes sociales son un hervidero de gente sensible al clasismo/racismo/sexismo y todo lo que termine en ismo. 

Arriba: Gente ofendida en Twitter

Digo que el argumento es inherentemente discriminatorio porque el núcleo de esa conversación es "no te gusta porque no estás lo suficientemente preparado como para apreciar lo que expresé con mi arte". Es una respuesta trillada de los artistas fanfarrones cuando se encuentran críticas a su arte, sin embargo el argumento es válido: necesitas cierto conocimiento sobre el arte al que estás expuesto para apreciarlo.

No es hasta que estudias de corte y confección cuando puedes apreciar un vestido elaborado, no es hasta que sabes de música que puedes apreciar una pieza compleja, no es hasta que sabes de mecánica que puedes apreciar un motor bien tuneado, no es hasta que sabes de café cuando te das cuenta que el del Starbucks sabe a orines de gato, no es hasta que sabes de programación que puedes apreciar la elegancia en un script bien optimizado y no es hasta que estás educado en el arte de Tragar que puedes apreciar el increíble arte de la cocina molecular. En resumen: no puedes apreciar realmente X si no tienes educación en X. 

Con eso dicho, necesito refutarle al Sr. Olvera: el cliente siempre tiene la razón, ya que es por su dinero, tiempo y voluntad por la que usted puede ejercer su arte y lo anterior es inamovible. Sin clientes, mi estimado, usted tampoco come.

Sin embargo, por mi argumento sobre la educación hace unos párrafos opino que es responsabilidad del cliente saber lo que está a punto de experimentar y prepararse de antemano con los conocimientos mínimos necesarios para poder disfrutar la experiencia como el artista la tiene planeada, sin mencionar que el cliente debería tener la educación social de respetar el trabajo del artista. Esto es, puedes exigir como cliente pero no debes ser un pendejazo al respecto. 

Sospecho que uno de los problemas es que a lugares como el Pujol uno va por dos razones: porque eres un Tragón o para que te vean comiendo en el Pujol. Si eres de la primera categoría uno va con la mente abierta para experimentar las maravillas del mundo culinario, si eres de la segunda te mereces un puñetazo en el rostro.

Si el cliente pide chiles toreados para su fetuccini !pues emule al famoso Marco White y cóbreselos a 1500% su precio! Tampoco se me hagan las divas molestas por la imposibilidad de la plebe de apreciar su arte. Entiendo que su orgullo de artista es herido por la petición, pero por favor entienda que la culpa no radica en usted por presentar la experiencia sin chiles toreados, sino por la poca preparación del comensal en esperar que la comida pique. Lo que no debería hacer, mi estimado chef Olvera, es negárselo por sus principios.

Es claro para mí que el hombre es mejor chef que escritor, ya que su intención era hacer quedar mal a la gente que usa su posición en la sociedad/política como argumento para justificar sus gustos, de ahí el título "No sabes quién soy", sin embargo dicha intención se pierde por la ofensa a la población en general que le gusta aderezar la comida con los condimentos que quiera porque no todos tenemos la educación culinaria necesaria.

En resumen: ¿el cliente siempre tiene la razón? Sí ¿el cliente tiene la responsabilidad de saber en lo que se está metiendo al ir a comer al Pujol? Por supuesto ¿se está haciendo la diva el Sr. Olvera? !Claro! ¿Está justificada su molestia? Indudablemente. 

!Saludos!
Atte,
El Kushiage
~ Es como escuchar "Enter Sandman" de Metallica y decir "pues está chida pero como que le hace falta mariachi ¿no?". TODOS se van a pinches enojar.