Murakami alguna vez escribió que cada hora de la madrugada tenía su propio sabor. Ese hombre no tiene idea de lo correcto que estaba.
Verán, gracias a un horario de sueño hecho pedazos por trabajo, gatos que deciden que las tres de la mañana es la hora ideal para cruzar la cama de un extremo al otro a la 95 kilómetros por hora y un meticuloso abuso de substancias*, estoy despierto a las 2 AM escribiendo en mi computadora.
*Por supuesto que no abuso de las substancias, las quiero muchísimo y las trato con el amor que se merecen.
Pero no crean que sólo estoy sentado escribiendo en mi computadora, acabo de regar el pequeño jardín que tenemos, barrido y sacudido la cocina y hay una carga en la lavadora que estoy esperando que salga para colgarla en la cochera. Digo, hay que ser productivos ¿no? Lo peor que podría hacer es desperdiciar este tiempo trabajando.
Cuando era chico le tenía pánico a la obscuridad. Absoluto y abyecto horror. Es más, confieso que dormía hecho capullo con una cobija verde relativamente fina que permitía entrar el aire generado por un ventilador de clip agarrado de mi mesita de noche, no vaya a ser que los monstruos nocturnos me comieran. Supongo que en mi mente de niño los monstruos no tienen permanencia de objetos y lo que no ven deja de existir. En fin, era joven y estúpido.
Ahora - como he dicho toda mi vida adulta - sólo soy viejo y estúpido. Asumo que es la vejez lo que te hace perder el miedo a la falta de luz**, como si tu mismo ser te esté preparando mentalmente para el inevitable momento en el que sólo habrá obscuridad, recibiéndola como si fuera una vieja amiga.
**Digo DEBE ser la edad, porque la estupidez ahí sigue la jija de la tiznada.
Ahora sólo le tengo miedo a las cosas corpóreas, si les soy honesto. Habiendo exterminado dos alacranes, innumerables cucarachas, uno que otro grillo y una víbora que saqué de la casa*** la razón por la que prendo las luces es para evitar cualquier animal no invitado o algún mueble predatorio que aceche el dedito de mi pie izquierdo.
***No me atreví a matarla. Digo ¿quién no se ha encontrado en esa circunstancia?: en el lugar equivocado, en el tiempo equivocado, encuerado y sacando la lengua. Hay que tener algo de empatía, caray.
Pero, si les soy honesto, prefiero la madrugada y la obscuridad que otorga: Se siente un ambiente de paz, de tranquilidad, de comunión con la noche, de espiritualidad, de una unión primal con ALGO que es parte de nosotros y constantemente se nos dice que hay que rechazar, no lo sé, son sentimientos que por desgracia me faltan palabras para describir.
¿Qué opinan ustedes mis estimados? ¿Qué tan cómodos se sienten en la obscuridad, sentados en su sala a las 3 de la mañana, contemplando una tenue luz en el pasillo? Siento en mis viejos huesos que los humanos no fuimos construidos para vivir un horario de 9 AM a 5 PM, sino que estamos diseñados para tener lapsos de sueño que nos permitan existir a diversas horas del día, independientemente de si el astro rey está visible o no. Entre más envejezco y mis horas de sueño se vuelven más "erráticas" para lo que es socialmente establecido, siento que quizás ese concepto que la noche es para dormir y el día para estar activo es algo que nos vendió el mundo corporativo.
En fin, ya salió la carga de la lavadora y la luna está hermosa hoy. Espero que tengan una excelente semana y les deseo paz y prosperidad para ustedes y sus seres queridos.
Atte.
El Kushiage
~ Al parecer los gatos te despiertan en la noche para saber si estás bien porque ellos son principalmente seres nocturnos. Gracias, puñetas, que al cabo no tenía que levantarme a las 6 AM para una junta.