martes, 21 de mayo de 2013

El Onceavo Mandamiento

"Mucho ayuda el que no estorba"
~ Anónimo


Me gusta pensar que soy una persona mesurada. He tratado de vivir mi vida bajo la máxima que "uno es tan grande como las cosas que lo hacen enojar", pero toda la paciencia que tengo se evapora como un copo de nieve en el infierno cuando me toca una persona que está estorbando.

Pocas cosas me hacen enfurecerme tanto como un imbécil que está parado en medio de un pasillo, comiéndose los mocos, sin hacer nada relevante o peor aún hablando con otro imbécil come-mocos en el teléfono o en vivo, estorbando a todas las otras personas que intentamos llegar de un lado del micro-universo en el que existen ellos al otro.

El que no estén conscientes que son un obstáculo en la vida de otros, el que no les importe que otros tengan que malabarear las cosas que portan por esquivarlos, el que no se den cuenta que hay personas con muletas o sillas de ruedas que se ven en la necesidad de rodearlos porque ellos no se molestan en imaginarse como partes de un mundo orgánico que NECESITA que se quiten me hace agradecer que mi esposa esté ahí para evitar que cargue hacia ellos y patearlos de aquí a la semana que viene*.

*"¿Y Fulanito?" "¿Ese imbécil? En algún lugar del siguiente jueves".

Desde el niño al que no le dicen "hijo, por favor deja pasar al señor" hasta ese imbécil anciano mamoncete** que se siente más importante que uno porque tiene más arrugas en el sunfiate, pasando por ese regrandísimo cabrón que se estaciona a media calle sin dejar pasar a nadie, son personas que logran sacar en mí una furia incandescente.

**Lección de vida, mis estimados: ¿ese viejo mamoncete? Era un adulto mamoncete y fué un niño mamoncete. Lo mamoncete no se crea ni se destruye, sólo envejece.


No hablo de los distraídos, ellos son ignorantes y con ellos se puede trabajar. Explicándoles que lo están haciendo mal y haciéndoles ver el mal que hacen. No, no hablo de ellos, me refiero a esos sociópatas que no se pueden molestar en ver que hacen perder tiempo, que son el tapon de mierda proverbial en el caño de la vida y que se piensan dueños de esos noventa centímetros cuadrados del pasillo central en el que tuvieron la puñetera mala suerte de pararse.

¿Y a los que se ofenden cuando les dices "permiso por favor"? A esos ojalá y siempre confundan la sal por el azúcar, ojalá y nunca se les hagan marcas en los calcetines para no poder rascárselas, ojalá y todas sus noches estén llenas de mosquitos, ojalá y jamás les salgan juguetitos en el cereal, ojalá y siempre se les quemen las tortillas, ojalá y nunca les regalen lo que quieren de Navidad, ojalá y, desde el fondo de mi corazón, siempre se les queme la cerveza.

Ya me decía mi madre: "Hijo, respeta el onceavo mandamiento: NO ESTORBARÁS".

!Saludos!
Atte,
El Kushiage

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