viernes, 27 de abril de 2012

De Brochetas y Filas Preferenciales

"Cuanto de la vida humana se pierde esperando"
~ Ralph Waldo Emerson (1803 - 1882)

Siempre he pensado que si el Infierno algún día decide abrir sucursales en la Tierra, será en los bancos. Específicamente, en los Bancomer, donde las esperanzas van a morir.

En mi opinión, mueren por las filas preferenciales.

Verán, las filas son el gran ecuanimizador humano: todos somos iguales en ella, la única razón por la que alguien va delante de uno es porque llegó antes, no porque sea más o menos importante que uno, o más o menos guapo, o más o menos rico.

Éste concepto es simple y poderoso, es un contrato que firmamos implícitamente cuando nos formamos: entendemos y aceptamos nuestro orden sagrado en el número de personas formadas; por esto es por lo que le podemos pedir a la persona de atrás que "te cuide" el lugar sin que nadie rechiste, porque comprendemos que él, aunque tenga que salirse momentáneamente, va ahí.

Podría llegar el Presidente, el Papa o Michael Jackson y cada uno de ellos vería la cola y sin chistar tomaría su turno, para luego formarse en la fila y esperar como todos*; ellos lo comprenderían, quizás maldecirían un poco sí, como todos al llegar a una cola enorme, pero aceptarían estóicamente su lugar en la fila. Puedo atreverme a decir que hacer cola es una condición aceptada en la humanidad, es algo codificado en nuestro ADN, es algo natural a la sociedad y me imagino que debe estar como alguna nota al pie o anexo en el contrato social.

*Quizás Michael Jackson no, porque sería un zombi y se pondría a bailar una complicada coreografía a la que todos nos uniríamos por alguna extraña razón.

Lo que me lleva a las filas preferenciales. Uno no debería tener que pagar por brincar lugares. Estuve veinte minutos de pie como un imbécil, con una cantidad de personas creciente detrás de mí también parada como imbécil mientras que los regrandísimos mamoncetes de la fila preferencial llegaban y eran atendidos inmediatamente.

Comprobé nuevamente que las "malas vibras" no existen, porque si lo hicieran esas personas serían cráteres humeantes, pero no los culpo a ellos, culpo a quienes las hicieron disponibles.

La fila preferencial es mezquina, ofensiva, indignante y miserable. Debería ser prohibida por la Convención de Ginebra. Son resultado, mis estimados, de los bancos dándose por vencidos en atención a clientes: "Somos incompetentes y no podemos encontrar la manera de agilizar las cosas para todos nuestros clientes, pero si nos das un poco de dinero extra te podemos mover al principio de la fila y ahorrarte lidiar con nuestra estupidez".

Eso, puñeteros bancos, se llama soborno.

!Saludos!
Atte,
El Kushiage
~ Maldita pinche sea, cómo odio ir a Bancomer.

PD. 3 cajas abiertas atendiéndonos (de 9 existentes):
- Caja 1 con un hombre que vino a calcular el PIB de México por persona moral y física porque estuvo ahí media hora con un altero de papeles y seguía ahí cuando me fui.
- Caja 2 vacía con la maldita cajera envuelta en el puñetero juego de solitario más complicado del mundo.
- Caja 3 atendiendo sólo a los de la línea preferencial.

Desde el fondo de mi corazón, a la mierda con ese banco.

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