lunes, 27 de julio de 2009

Las Crónicas de Azeroth: La Batalla de Darrowshire (Parte 5)

Las Crónicas de Azeroth: La Batalla de Darrowshire

Un Historiador Extraño

"A lo largo de mi vida, me he encontrado con muchas personas de las que he tenido la sensación que las conocí antes, pero sólo con Chromie tuve la sensación que la conocería después".
~ Conversaciones con Kumme Pezuña de Plata y Kael Seguidor de Luz, en Orgrimmar.


I

- Dejemos las monturas - dijo Kael, mirando la ciudad a lo lejos - haremos menos ruido si procedemos a pie.
Kumme miró al elfo, sorprendido.
- Kael, Tú haces más ruido al caminar que un goblin con una carreta llena de latas.
- No me refiero a eso - rió éste - aunque gracias por tu comentario; los muertos vivientes sienten la vida a su alrededor, los otros sentidos están de más.
Los aventureros habían llegado a la ciudad en ruinas de Andorhal a la mañana siguiente. Hacía frío y el cielo estaba muy nublado. La ciudad estaba situada en la orilla del río Darrowmere, que tomaba el mismo nombre que el lago en el que desembocaba. Conectando ambas orillas había un enorme puente de piedra blanca. Andorhal, habían escuchado, tenía cerca de una centena de casas, desde su posición se divisaban cuatro torres, una en cada esquina de la ciudad rodeada de pequeñas colinas. En el lado este, rodeados por graneros en ruinas, giraban lentamente las aspas de molinos viejos y destrozados.
El paladín empuñó su escudo y su mazo, el cazador cargó su arma y se la echó a la espalda, sacó sus hachas de mano y las colgó a sus costados.
Los dos aventureros y el tigre recorrieron el puente hasta llegar a las puertas destruidas, abiertas de la ciudad. Continuaron por el camino, a su derecha había una enorme torre de vigilancia de piedra, la parte norte de la misma se había derrumbado, enormes palos y pedazos de escombro yacian alrededor de la torre.
Llegaron a una calle bloqueada por escombros. Del otro lado alcanzaban a ver una enorme construcción que tenía un letrero.
- Posada del Cerdo Sonriente - dijo muy quedo el Elfo - ¿será esa?
- Mira Kael - habló Kumme, apuntando a una esquina del edificio - ese cuarto está iluminado.
- No creo que los muertos vivientes necesiten luz para leer, debe ser ahí.
Kael sintió un pequeño golpecillo en el casco, luego otro y otro más. Momentos después caía una ligera lluvia sobre los aventureros.
- Tienes que estar bromeando - dijo Kumme, malhumorado, mientras se echaba la capucha sobre la cabeza.
El Elfo se acercó a la entrada de la calle. El costado de un enorme edificio se había derrumbado y bloqueaba el paso.
- ¿Podemos brincar los escombros? - preguntó Kael, mirando hacia atrás a su amigo - se ve complicado, pero creo que podríamos... ¿Qué sucede?
Kumme tomó su rifle en las manos.
- Escucho pasos.
- ¿Qué tan...?
- Pasos grandes.
- Oh Luz.
A unos cuarenta metros, emergiendo de un callejón, apareció una gigantesca abominación acompañada de cuatro pequeños esqueletos blanquecinos y uno rojizo que arrastraba una enorme hacha oxidada.
Los esqueletos iban desnudos, sólo pedazos aquí y allá de ropa roída demostraban que alguna vez estuvieron vestidos. La abominación, una criatura de tres metros de alto, parecida a un humano mórbidamente obeso, tenía un agujero en el estómago de donde colgaban tripas y se exponía una variedad de vísceras podridas y algunas costillas. En una mano cargaba un enorme cuchillo de carnicero y en la otra un gancho para carne. Su enorme cuerpo blanco estaba cubierto de crudas puntadas, donde los necromantes del Azote de los Muertos Vivientes habían unido las partes que formaban a la criatura. En el hombro izquierdo habia un tercer brazo, de tamaño normal, que cargaba un cuchillo de carnicero más pequeño. De una enorme boca con dientes chuecos emergió un rugido, y un par de ojos - cada uno de distinto tamaño - se centraron en los aventureros.
- !Carne! - rugió la abominación.
Kumme se hincó sobre una rodilla y metió una mano en su bolsa de municiones, con experta habilidad cargó pólvora y balas en las cámaras adcionales de su rifle, apuntó al grupo y se escucharon tres disparos simultáneos. A lo lejos, el cráneo de un esqueleto estalló en pedazos, otro fue partido a la mitad y del tercero la pelvis estallo en fragmentos.
- !Sil'Dan, ataca! - ordenó el cazador, apuntando al esqueleto blanco más pequeño; el tigre gruñó y se lanzó en carrera hacia su presa.
- ¿Derecha o izquierda Kumme? - gritó Kael, haciéndose escuchar sobre el ruido de la lluvia que arreciaba; de una plegaria encendió su escudo con un aura dorada.
- !Entretenme al grandote! - le contestó el Tauren mientras se ajustaba el arcabús y desenfundaba sus hachas.
- !Hecho! !pero la siguiente ronda va por tu cuenta!
El pequeño esqueleto ya había sido derribado por el tigre, pero el que iba armado y la abominación se acercaban furiosos al cazador.
La abominación recibió un impacto de magia divina que hizo que estallaran algunas vísceras, trastabilló un poco y giró hacia el paladín que extendía su mazo hacia él. Rugió y se abalanzó sobre el Elfo.
Kumme cargó y chocó sus armas contra el esqueleto, rechazando su poderoso golpe. El impacto hizo que tanto el Tauren como el muerto viviente rebotaran hacia atrás. El cazador aprovechó el vuelo que recibió del rechaze para atacar la caja torácica descubierta del esqueleto con su hacha derecha, el golpe acertó pero rebotó en las costillas. Éste era de los resistentes.
El esqueleto tomó nuevamente posición de ataque y Kumme retrocedió, estudiando a su enemigo.
- ¿Cómo vas Kael? - gritó, sin mirar atrás.
Kael recibió un poderoso impacto del cuchillo en el escudo, uno que hizo que le doliera el antebrazo. Se deslizó unos centímetros hacia atrás y extendió el mazo para destrozarle un pedazo del hombro derecho a la abominación, ésta rugió de furia.
- He visto murallas menos resistentes - le contestó el Elfo al tiempo que se arrojaba a un lado para esquivar el enorme gancho de carnicero que se enterró en el suelo; se incorporó de un salto y golpeó con el escudo el rostro del monstruo, el rugido de dolor fue acompañado por un baño de chispas doradas.
Kumme saltó hacia el esqueleto haciendo un corte hacia abajo con ambas hachas, como predijo, el esqueleto sostuvo el mango en alto para bloquear los impactos. El cazador levantó una enorme pierna para conectar una patada al cuerpo del muerto viviente, lo que lo echó hacia atrás; segundos después las mitades del esqueleto caían en extremos opuestos de las banquetas.
Kumme giró para ver que su amigo salía arrojado hacia una casa en ruinas, entró rompiendo un ventanal y se perdió en la negrura del interior.
- !Kael! - rugió el cazador.
Cargó hacia la abominación, ardiendo en furia primitiva, el pelo corporal se enrojeció, sus ojos se inyectaron de sangre y sus músculos se ensancharon.
Los dos chocaron, mano con mano, forcejeando. Kumme sentía que iba a vomitar por el horrible olor del muerto viviente.
De pronto la abominación rugió de dolor y empujó hacia atrás al Tauren. Trepado en su espalda, Sin'Dal arañaba la carne e intentaba romper las costuras del monstruo, fué alcanzado en el lomo por el cuchillo del brazo trasero del animal y se dejó caer, lastimado.
Kumme aprovechó la distracción para abrazar el brazo derecho con el cuchillo de carnicero y con un rugido de furia lo separó del monstruo. Desequilibrado, la abominación trastabilló hacia atrás, pero se recuperó lo suficientemente rápido como para alcanzar al cazador en la espalda con el costado del gancho. Kumme aterrizó de bruces sobre charcos en la calle, su furia se había terminado, sentía algunas costillas rotas.
Se giró en el suelo para darle el frente a la abominación que se acercaba.
Sin'Dal se interpuso entre la abominación y el cazador, saltó hacia el monstruo con un rugido pero fue rechazado fácilmente por la enorme manaza del muerto viviente, aterrizó con un gemido en unas cajas cercanas.
Kumme se intentó incorporar pero una punzada en el costado le quitó el aliento y lo derrumbó. La abominación levantó el pesado gancho y lo dejó caer sobre Kumme, quién cerró los ojos.
El gancho rebotó como si hubiera golpeado una pared de acero, el cazador abrió los ojos para verse rodeado de una esfera de luz muy ténue.
- Ya era maldita hora, Kael - dijo muy quedo, sintiendo sus pulmones en llamas.
La abominación rugió de dolor cuando el escudo del paladín se enterró en su espalda, el Elfo saltó y lo utilizó como escalón para saltar a los hombros. Recibió un machetazo en la espalda, que rebotó en la armadura, mientras que trepaba y colocaba las piernas alrededor del cuello del muerto viviente; agarró firmemente la cabeza del monstruo con las manos.
- !Luz, dame fuerza! - con un rugido creciente, sus manos brillaron de una fuerte luz dorada y un segundo después desintegró el cráneo de la abominación. El gigante, inerte, se desplomó hacia atrás.
Kumme avanzó hacia su amigo, apoyándose en su arcabús como muleta, que yacía a unos centímetros del cuerpo de la abominación.
- ¿Estás bien, Kael? - habló, extendiéndole una mano.
- Creo que me rompí algo - le contestó el paladín, tomandole la mano y levantándose con un gruñido.
- Únete al club - dijo Kumme mientras veía como su tigre se acercaba renqueando a él.
- Cuando lleguemos a algún poblado te compraré el filete más grande que encuentre - dijo el Tauren, hincándose frente a su mascota. El tigre le lamió la cara.
Kael encendió sus manos por unos segundos y las impuso en Kumme, y luego en el tigre.
- Algún día tienes que enseñarme a hacer eso - bromeó el Tauren mientras se palpaba el costado.
- Ayúdame a darle la vuelta por favor - dijo Kael mientras que se colocaba en un costado - todavía tiene mi escudo clavado en la espalda.
Los aventureros le dieron la vuelta al cuerpo y el paladín desencajó el escudo del cuerpo, esparciendo un horrible líquido verdoso por los adoquines.
- Kael... - empezó a decir Kumme.
- Sí, ya sé - contestó el Elfo - es asqueroso, pero no lo puedo dejar ahí...
Por la calle resonó el sonido carnoso que hizo el escudo cuando se desenterró de la espalda del monstruo caído.
- Escucho pasos... - volvió a decir el Cazador.
A su espalda, de algunas casas emergieron una decena de esqueletos, algunos portaban bastones, otros hachas y después al grupo se unieron otros horribles cadáveres.
Los aventureros huyeron por la calle, perseguidos por la horda de muertos vivientes. Llegaron a un callejón cerrado por una muralla de piedra; el terreno había sido irregular durante la construcción de Andorhal, así que los habitantes decidieron adaptar las casas al terreno, por ello de vez en cuando se veían paredes hechas por un cerro cortado.
Kael se puso a cuatro patas con el escudo en la espalda, Kumme lo usó como escalón y saltó hacia la tierra elevada, Sin'Dal lo siguió sin problemas. El cazador le extendió una mano a su amigo quien la tomó y fue jalado justo antes que un hacha de mano se enterrara en los adoquines donde estaban. Kumme y Sin'Dal corrieron por la calle hacia el noroeste donde habían visto la posada. Kael se hincó y azotó el mazo contra el piso, consagrando el área a su alrededor. Los muertos vivientes que comenzaban a escalar aullaron y rugieron, algunos se desintegraron, otros simplemente cayeron sobre sus compañeros. Después Kael se incorporó y corrió siguiendo a su amigo.
- !Ahí está adelante! - rugió Kumme, para hacerse escuchar sobre un relámpago.
Los aventureros entraron a la casona en ruinas por la entrada principal, cruzaron un pequeño pasillo hacia su derecha y entraron al piso de la posada. Sólo encontraron mesas, sillas y vajillas rotas, huesos entelarañados y una que otra rata asustada.
- Creo que nos siguen - dijo Kael, jadeando.
- Vamos al piso superior.
Los tres subieron corriendo por las escaleras y Kael exorcisó a un pequeño esqueleto que se levantó entre las ruinas de un cuarto. Kumme ya se estaba empezando a acostumbrar al nefasto olor de los huesos corruptos calcinados por energía divina.
- Hay una luz en el fondo - dijo Kumme.
Avanzaron por una estancia a la derecha de las escaleras, y, en el cuarto del fondo, vieron un elfo alto sentado en una enorme cama con dosel, en un cuarto perfectamente bien arreglado e iluminado; a su derecha, en un escritorio, trabajaba una pequeña gnoma de pelo blanco acomodado en dos rollos a cada extremo de su cabeza; vestía una túnica blanca con dos franjas negras verticales en los costados, muy elegante, y hombreras que hacían juego con el vestido.
Levantó la cabeza y les esbozó una enorme sonrisa.
- !Ah! - dijo, encantada - Kumme, Kael y tú también Sin'Dal, bienvenidos.
- ¿Señorita Chromie? - preguntó el paladín, quitándose el casco en señal de respeto. Había algo especial sobre este gnomo, un porte excepcional, cierta magnificencia escondida, un poder latente.
- Sí sí, pasen, pasen - dijo haciendo un ademán - ¿de qué periodo vienen?

!Saludos!
Atte,
El Kushiage

PD. Para los ñoños del wow: Kumme usó "Multi-shot", "The Beast Within" y "Mongoose Strike"; mientras que Kael usó "Exorcism", "Shield of Righteousness", "Avenger's Shield" y "Consecration". Lo que nos dice mucho de el acomodo de sus talentos y de sus niveles.

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